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viernes, 26 de febrero de 2010

Muere el “Alacrán” Torres, uno de los últimos ídolos del boxeo mexicano

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Apenas hace tres días, el 23 de febrero, se cumplieron 41 años de aquella memorable batalla celebrada en el Toreo de Cuatro Caminos, donde el michoacano avecindado en Guadalajara, Efrén “el Alacrán” Torres derrotó en un frenético combate al tailandés Chartchai Chionoi para capturar el título mundial de peso mosca.

Con el paso de los años, Efrén se había ido reduciendo, disminuyendo un poco en el olvido de aquellas noches apasionantes, incluyendo aquella, cuando casi en el retiro, Rubén Olivares lo precipitó al noquearlo de manera dramática en la Arena Coliseo de Guadalajara. Ayer lo encontraron muerto en su casa en Oblatos, en la Perla Tapatía. Su grandeza incuestionable fue inmortalizada al ser ingresado al Salón de la Fama del Boxeo internacional en el 2007.

HEROES. Torres fue uno de los más simbólicos boxeadores mexicanos, guerrero en una época plagada de estrellas, entre las que figuraban Rubén Olivares, Vicente Saldivar, José Medel, José Becerra, los cubanos naturalizados mexicanos José Ángel “Mantequilla” Nápoles y Ultiminio Ramos, fueron los tiempos del adiós de José “el Toluco” López quien falleciera en aquel trágico 1972, y tantos y tantos más, pero en esa histórica división de peso mosca, nada ni nadie ha podido borrar las estremecedoras imágenes del tapatío y el oriental, enfrascados en una lucha sin cuartel en el desaparecido Coso Taurino de Naucalpan.

Llegaron al extremo de lo clásico sus combates contra Chionoi, fueron tres y en ellos se les fue la vida…

SIN PIEDAD. La primera vez que se vieron las caras fue el 28 de enero de 1968 y a un llamado del réferi norteamericano Arthur Mercante, el médico de ring le impidió continuar al retador mexicano cuando el cronómetro marcaba un minuto con 15 segundos del decimotercer asalto. Chionoi había abierto la ceja izquierda de Torres en el segundo round y en el décimo un bravísimo retador le cerró el ojo izquierdo al campeón mundial, por lo que ambos, tintos en sangre e impedidos en la visión por las lesiones, tuvieron que ser revisados por el doctor. La herida del mexicano que provocó un mar de sangre, requirió de 15 puntadas de sutura para cerrarla.

El Alacrán h sido considerado uno de los diez más fuertes golpeadores en la historia de la división de los moscas que tiene más de 100 años. El comentario de Mercante, al final de la pelea, señalando que tenía a Torres adelante 7 rounds contra 4 con dos episodios empatados, fue parte de los argumentos que forzaron a una revancha por el título mundial.

CAMPEóN. Esa revancha se pactó para el 23 de febrero de 1969 en el mismo Toreo de Cuatro Caminos. Pero esta vez la historia fue diferente.

Torres apabulló esa noche de domingo al hasta entonces campeón mundial, a quien a base de poderosos ganchos de izquierda, derechas cruzadas y toneladas de jabs, terminó por destruir, dejándolo con el ojo izquierdo totalmente cerrado, sangrando profusamente de la nariz y golpeándolo prácticamente a placer se alzó con la victoria cuando el médico de ring dio indicaciones al réferi Mercante que detuviera la pelea.

Su tercera combate, para formar esta trilogía, concluiría con la victoria del tailandés en el gimnasio del Estadio Nacional de Bangkok, disputado bajo una asfixiante humedad y casi 40 grados centígrados de temperatura, que parecieron ser los elementos que más afectaron a Torres, quien fue superado con una relativamente fácil decisión unánime para recuperar una parte de la corona absoluta que había perdido ante el mexicano.

El Alacrán, se retiró el 21 de abril de 1972, dejando un record de 53 victorias con 35 nocauts, 1 empate y 9 derrotas, incluyendo la mencionada ante el Puas Olivares el 11 de julio de 1971, cuando fue brutalmente noqueado en el cuarto episodio por el entonces excampeón mundial de peso gallo en la Arena Coliseo de Guadalajara.

Torres nació en La Palma, Michoacán, el 29 de noviembre de 1943 pero mucha gente pensaba que era tapatío debido a que residió en Guadalajara desde que era niño, y se encumbró en el boxeo a la vera de Ángel Casillas, uno de los grandes managers en la historia del boxeo tapatío.

jueves, 25 de febrero de 2010

Muhammad Ali gana título de peso pesado 25 Febrero de 1964

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El 25 de febrero de 1964, Cassius Clay, de 22 años, se convirtió en el campeón de peso pesado en boxeo, derrotando a Sonny Liston en una pelea.

“Remecí el mundo”
Muhammad Ali, entonces conocido como Cassius Clay, era un campeón Olímpico que había ganado sus 19 primeras peleas profesionales. A los 22 años, Clay era un joven boxeador con promesa, pero pocos pensaron que tendría oportunidad frente al campeón de peso pesado Sonny Liston, quien había famosamente derrotado a Floyd Patterson en la primera ronda de dos peleas.

La gente esperaba tan poco de la pelea que solamente la mitad de las entradas al Auditorio de Miami Beach se vendieron. Pero Clay tenía confianza, declarando durante las semanas que llevaron a la pelea que “flotaría como una mariposa y picaría como abeja.”

Clay utilizó su rapidez superior para frustrar a Liston y evitar su famoso gancho izquierdo. Clay controló las primeras cuatro rondas, pero fue forzado a luchar la quinta ronda casi a ciegas, ya que una sustancia del guante de Liston había entrado en sus ojos. Pasó la mayor parte de la ronda bailando alrededor del ring y logró escapar ileso.

Ali, con sus ojos limpios, dominó la sexta ronda. Liston, habiendo herido su brazo izquierdo, decidió no responder a la campana llamando a la septima ronda. Cassius Clay, el nuevo campeón de peso pesado,” repetidamente dijo, “Soy el mejor” y “Remecí al mundo.”

“La pelea – Clay contra Liston – restauró el balance y al inteligencia al concepto del boxeo,” escribió Tex Maule de Sports Illustrated. “El boxeador, utilizando sus aptitudes con aplomo, coraje y anticipación, confundió y luego derrotó a su oponente.”
Desarrollos posteriores: Las consecuencias de la batalla
Alegaciones de una pelea arreglada

Luego de la pelea, hubo alegaciones de que está había sido arreglada por la mafia, que tenía conexiones con Liston. Una investigación por parte del estado de Florida no encontró evidencias que apoyaran esta teoría. La revancha, que se llevó a cabo el 25 de mayo de 1965, terminó en una controversia incluso mayor cuando Liston fue derrotado en la primera ronda por un “golpe fantasma.” Nuevamente, no hubo evidencia sospechosa.

Conversión de Clay al Islam

Clay celebró su victoria en la habitación de hotel del líder de la Nación del Islam Malcolm X, quien había servido como su consejero. Un día luego de la pelea, Clay anunció que pensaba convertirse al Islam y cambiar su nombre a Cassius X, y luego a Muhammad Ali.

El amigable, sano Clay podría haberse convertido en un popular campeón, pero su asociación con la “religión del odio” causó que su popularidad cayera. No sería hasta dentro de años que el público reconociera su nombre como Muhammad Ali.
Biografía: Muhammad Ali y Sonny Liston
Muhammad Ali

Muhammad Ali nació como Cassius Clay, Jr., el 17 de enero de 1942. La carrera de boxeo de Ali comenzó en 1954 luego de que su bicicleta fuera robada y buscara golpear al ladrón. Sus talentos lo llevaron a las Olimpiadas de Roma en 1960, donde se llevó el oro.

Ali perdió su título en 1967 luego de que se rehusara a unirse al ejército y fuera acusado por evasión. Se prohibió a Ali boxear por los tres años siguientes, y Ali pasó este tiempo manifestándose contra la Guerra de Vietnam y lentamente ganando apoyo popular.

Ali perdió su primera pelea profesional en 1971 ante el campeón de peso pesado Joe Frazier, la primera de tres memorables peleas con Frazier. Ali volvió a ganar su título de campeón de peso pesado en 1974, siete años luego de que se lo hubieran quitado, cuando derrotó a George Foreman en la “Rumble in the Jungle.”

Ali se retiró del boxeo en 1981; tres años después, se le diagnosticó Parkinson, que causa temblores, minimiza el habla y el movimiento, y causa rigidez muscular. Ali ha dedicado su vida al trabajo de caridad y se ha convertido en una de las figuras más queridas de Norteamérica. Ali es ampliamente considerado uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos.

fuente:http://www.encontrandodulcinea.com/articulos/2010/Febrero/Hoy-en-la-Historia--Muhammad-Ali-gana-t-tulo-de-peso-pesado-----.html

sábado, 19 de diciembre de 2009

Antonio de la Mata, el campeón que nunca existió (I)

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Julián García Candau
Fuente Levante emv
A
ntonio Mata Guinot, alias Pirri nació en Vila-real y fue vilmente fusilado en la celda de la cárcel de Castellón. Antonio, anunciado en el boxeo como De la Mata, fue campeón de Cataluña de los pesos pesados. Medía más de 1.90 y poseía gran pegada. Combatió en España, Cuba, Venezuela, Estados Unidos, Puerto Rico y Costa Rica. Se enfrentó a grandes púgiles de la época y para la Federación Española de Boxeo no existe. En tiempos de Memoria Histórica ni sus restos pueden ser recuperados.
Antonio era un gigante en los años veinte y de niño ya poseía corpulencia excepcional. En edad juvenil tuvo una pelea con un paisano quien se tomó la revancha cuando entraron los nacionales en Vila-real y lo llevó a la muerte. Fue denunciado por rojo y en ignominioso juicio se le condenó a muerte. Antes de dedicarse al deporte mostró sus portentosas facultades físicas estableciendo récords de cava en los huertos de naranjos. Era capaz de cavar dos hanegadas (1.700 metros cuadrados) cuando lo que se exigía a los jornaleros era de media.
Le animaron a que se dedicara al boxeo, deporte entonces muy popular, y se trasladó a Barcelona donde además de carrera espectacular convivió con los mejores de entonces. Se entrenó en el gimnasio de Ángel Artero, el gran maestro catalán, y tuvo como compañeros en la sala a José Gironés, Carlos Flix, campeones de Europa y Francisco Ros campeón de España. El primero logró emigrar a México donde murió. Los otros dos fueron fusilados como De la Mata.
Basta recurrir a las hemerotecas para comprobar que el villarrealense existió. En Valencia, Madrid, Barcelona y Sevilla sus combates quedaron reflejados en los diarios. La popularidad le llevó a figurar en los librillos de papel de fumar, "Mi Papel", junto a Ricardo Zamora, Juan Bautista Lloréns y, Paavo Nurmi, Johny Weismuller y Paulino Uzcudum, entre otros. Antonio no fue boxeador del montón. Además de ocupar espacio constantemente en las primeras páginas de El Mundo Deportivo figuró en combates de fondo en salas de prestigio y fue protagonista de las grandes veladas barcelonesas en las que se disputaron títulos de Europa. Incluso llegó a anunciarse que iba a ser el primer adversario al que se iba a enfrentar Primo Carnera. Precisamente su envergadura fue de la que se sirvió su amigo Paulino Uzcudum para preparar su combate con Max Schmelling en Nueva York. Fue su sparring en vísperas de combates por el título europeo.
Cuando traté de escribir su biografía y su trágica muerte, para El deporte en la Guerra Civil solicité datos profesionales a la Federación y allí no sólo me dijeron que no les constaba su existencia, sino que si conseguía su historia que se la pasara. Ni siquiera Fernando Vadillo, novelista de la División Azul, y el hombre que escribió las mejores crónicas del boxeo de los españoles en América, lo citó, y me dijo que no tenía idea de su existencia. Su nombre fue borrado del historial del boxeo español. El primer presidente de la Federación Española de Boxeo, nombrado por los vencedores fue el boxeador de los grandes pesos, Fabián Vicente del Valle, comandante franquista. Éste fue miembro del primer Comité Olímpico Español presidido por el General Moscardó. El presidente federativo de más larga estancia al frente de la misma fue, posteriormente, Vicente Gil, médico de Franco.
En Vila-real traté de indagar y salvo su familia, solamente el hijo del campeón ciclista Juan Bautista Lloréns, quien ha biografiado no sólo a su padre, sino también a otros deportistas villarrealenses, tenía noticias de su existencia. En dos ocasiones me topé con la respuesta de que no convenía que preguntara porque había sido rojo. Por medio de los datos recopilados por el mallorquín Julio González, y ampliados por el cronista de la revista estadounidense The Ring, Luckett Davis, pude pergeñar parte de la biografía del villarrealense.
Comenzó su carrera por rings valencianos y en su debú en Barcelona, en la sala Olimpia, de la que fue uno de los grandes protagonistas, derrotó por K.O. a Polo. Aquella noche ya compartió cartel con Paulino Uzcudum. Sus primeras víctimas fueron Plana, Rodríguez, Froener, Laurent Mathieu, Lagarde y Frank Hoche. El 9 de marzo de 1926, en Madrid, venció por K.O. en el primer asalto a Raúl Rodríguez. Disputó cinco combates consecutivos en Barcelona en lo que ganó una vez por K.O, tres por fuera de combate técnico una por puntos y otra por abandono. En Bilbao derrotó a José Late también por K.O técnico en el séptimo asalto. En Sheffield batió a Donald Shoterland y en Londres, como en otros casos, por K.O. técnico a Charlie Smith. En París hizo nulo con León Sibilo y al regreso a Barcelona fue derrotado a los puntos por Isidoro Gaztañaga. A continuación celebró tres combates en San Sebastián y cinco en Barcelona en los que venció tres veces por K.O. tres a los puntos y dos por descalificación del contrario. Albert Chaumont, dos veces, Batting Mattar, también dos veces (fue foto de primera página de El Mundo Deportivo), Han Schemann, José Lete, Luigi Buffi y Juanito Olaguibel fueron sus adversarios. A Buffi lo derrotó en la Plaza de Las Arenas la noche en que Carlos Flix se proclamó campeón de Europa de los gallos al vencer al italiano Domenico Bernasconi.
La aventura americana también fue satisfactoria deportivamente aunque sufriera alguna derrota. En La Habana, el 25 de enero de 1930, debutó y se impuso a Rufino Álvarez y seguidamente, dos veces por K.O. a Francisco Cruz. Una de las noches actuó Kid Chocolate. También se impuso a Federico Calibran y perdió a los puntos con Raúl Bianchi En Tampa, Estados Unidos, venció por K.O a Joe Earl, Mike Firpo, Tige Armen, de nuevo a Firpo, esta vez por puntos, y a Big Boy Peterson en el segundo asalto. De la Mata tuvo licencia en Estados Unidos lo que le permitió combatir en Nueva York, Chicago y Florida. En Nueva York hizo combate nulo con Abe Lipschitz y en Chicago combatió dos días con Charley Retzlaff. En el primero venció por descalificación y cinco día después perdió por K.O en el primer asalto. Retzlaff fue conocido como El dinamitero de Duluth, alto fuerte, con pegada enorme avanzaba con probabilidades de campeón, pero pedió con Joe Louis.
Allí se impuso en el Whity City Arena a Peter Wistort, Charles Sleef y Crosley. En Nueva Jersey venció a Harry Wells y Fico Sello. En Gables también cayó por K.O. ante Arthur de Kuh. La gira por América continuó por Puerto Rico donde compartió carteles con Hilario Martínez. En Puerto Rico ganó a Galars y en Venezuela, de nuevo por K.O. a Kid Sembrano. En Costa Rica derrotó a Mora Molina y perdió con Ángel Chavarría. De su paso por Costa Rica ha quedado su presencia en la novela de Eduardo Aconitrillo García, Un tango llamado nostalgia.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Ali-Foreman HA PASADO YA 35 AÑOS

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Hoy se cumplen 35 años del célebre combate entre Muhammad Ali y George Foreman, los dos boxeadores más famosos del mundo, en la noche en que 'el más grande' regresó a los cuadriláteros y recuperó la corona mundial que el gobierno estadounidense le había arrebatado por negarse a luchar en Vietnam.

Fue el 30 de octubre de 1974, en un cuadrilátero instalado en el estadio '20 de mayo' de Kinshasa, la capital del entonces Zaire y ahora República Democrática del Congo. Era el combate del siglo entre un peso pesado de 32 años y uno de 25.


Ambos estaban listos para combatir ante una audiencia planetaria a cambio de cinco millones de dólares por cabeza, ofrecidos por el promotor Don King. Foreman defendía el título y era el favorito en las apuestas, pero Ali supo jugar muy bien sus cartas. Planteó la táctica de fatigar a su rival y así, con un Foreman abatido en el octavo asalto, conectó una combinación de golpes que tumbaron al campeón. El combate se convirtió en leyenda y dio pie a películas, libros y hasta canciones.





FUENTE EL MUNDO DEPORTIVO

domingo, 1 de noviembre de 2009

Jake LaMotta

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Por Tim Gaynor
WARREN, EEUU (Reuters) – Jake LaMotta aprendió a pelear con un picahielos en su mano en el patio de su escuela en Bronx, luchando durante toda su vida hasta ganar el título mundial de peso mediano en tiempos en los que las peleas de boxeo eran a 15 asaltos.



Pero en la actualidad, cuando observa a luchadores de artes marciales combinadas golpeándose en jaulas circulares, dice que esto es demasiado brutal. Incluso para él, un boxeador que pasó a la posteridad como una de las grandes figuras de este deporte y quien inspiró la película “Raging Bull”.“¿Cuándo te golpean en el suelo? Eso no tiene sentido, es salvaje”, dijo LaMotta, quien está cerca de cumplir 90 años, mientras se sentaba a conversar sobre las peleas en su casa de vacaciones.

“Está fuera de control, aún pienso que la manera regular es la mejor forma”, añadió.

LaMotta ganó el título hace 60 años con un furioso estilo a dos puños que lo llevó al Salón de la Fama del Boxeo y lo convirtió en un ídolo estadounidense.

Hablando con Reuters sobre su extensa carrera de 106 peleas (83 triunfos, 30 por nocaut) y la agresión que fue capturada en la película de Martin Scorsese “Raging Bull”, señaló que mucho había cambiado desde que se puso los guantes por primera vez.

“Ya nadie sobresale”, dijo sobre los campeones de hoy en un deporte caracterizado por múltiples organizaciones de boxeo y un interés que está disminuyendo.

Para LaMotta, las cosas eran distintas cuado él comenzó en los años de la Gran Depresión, cuando el béisbol y el boxeo dominaban el escenario deportivo en Estados Unidos.

Los niños en su escuela eran tan pobres que lo golpeaban para robarle el sandwich que su madre le preparaba para el almuerzo. Un día su padre le dio un picahielos y le dijo que se defendiera.

“Quizás llegué a casa llorando o algo así, y me pone en picahielos en mi mano y dice: ‘Si hacen algo, persíguelos con un picahielos’”, recordó.

“Y cuando los perseguí con un picahielos, corrieron. pensé que era parte de la vida. Era joven, muy joven (…) Cuando eres joven no sabes mucho. Entonces me di cuenta que no necesitaba seguir usando un picahielos, era lo suficientemente bueno con mis puños”, afirmó.

LANZANDO GOLPES

LaMotta usó la agresividad del patio de la escuela en su feroz estilo de boxeo, inclinándose hacia abajo y hacia adelante, mientras lanzaba golpes, un rasgo que lo hizo merecedor del sobrenombre “El Toro del Bronx” y luego “El Toro Salvaje”.

“Nunca daba marcha atrás. No sé como retroceder. Siempre voy hacia adelante, adelante, adelante”, recordaba mientras fumaba un cigarro y bebía una taza de café.

“Incluso cuando estaba herido siempre era el agresor sin importar qué. Mi mayor defensa era mi ofensiva. Muy pocos tipos hacían eso”, sostuvo.

LaMotta recuerda la agresividad, el empuje y el foco que lo llevaron a subir de categoría y le dieron una oportunidad con el título en 1949, cuando venció al francés nacido en Argelia Marcel Cerdan en Detroit en 10 asaltos para ganar la corona de peso mediano.

“Estaba obsesionado, era la única cosa en mi vida de la que sabía un poco. Tenía que estar un poco loco para hacer las cosas que hice”, expresó.

“Así tenía que ser, así me sentía. No quería nada más aparte de convertirme en campeón, el día que gané el título fue el mejor día de mi vida, había logrado algo que muy pocas personas podían hacer”, agregó.

LaMotta se enfrentó seis veces a Sugar Ray Robinson en peleas que fascinaron a los fanáticos que las veían al costado del cuadrilátero y reunidos alrededor de televisiones y radios alrededor del mundo.

“Sugar Ray fue lejos el más grande, lo tenía todo. No había comparación”, indicó LaMotta. “Peleé con él dos veces en tres semanas”.

Bromeó: “Peleé con Sugar Ray tantas veces que es una maravilla que no tenga diabetes”.

COMEDIA

Luego de retirarse en la década de 1950, compró bares, hizo comedia y apareció en películas.

“Raging Bull” ganó un premio Oscar por la actuación de Robert De Niro, quien entrenó con LaMotta para retratar al boxeador.

“Boxeamos más de 1.000 asaltos juntos”, dijo LaMotta. “Podría haberse convertido en profesional. No sé que tan grande habría sido, pero era lo suficientemente bueno para ser un boxeador profesional. Era grandioso”.

Durante su largo retiro ha visto cómo el deporte que lo llevó a la gloria desde la pobreza ha caído en un mal momento a medida que el interés en otros deportes ha aumentado.

LaMotta habla de Muhammad Ali, Sugar Ray Leonard y Mike Tyson como grandes boxeadores, pero dice que ahora no ve que nadie se destaque.

“Quizás hay una pausa en el negocio”, señaló. “No ha habido nadie destacado por mucho tiempo”.

Cuando el boxeo lucha por captar atención con otros deportes como la artes marciales combinadas, que claramente le desagradan, al final serán los simpatizantes quienes decidan si tiene futuro.

“Es lo que sea que se ponga de moda, lo que el público quiera”, concluyó LaMotta, con imparcialidad. “Cualquiera que sea el resultado, estará bien, más allá de cual sea el que prevalezca”.

(Editado en español por Javier Leira)

domingo, 25 de octubre de 2009

El primer campeón mundial cubano

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Fue uno de los héroes de Broward en la década de los años treinta y ubicó a Nueva York en el bolsilllo de su elegante chaleco blanco. Se convirtió en el primer cubano campeón mundial de boxeo y le llamaron el esgrimista del ring.

Kid Chocolate nació el 6 de enero de 1910 en el barrio del Cerro. De origen humilde, vendió periódicos y limpió zapatos en las calles de La Habana para llevar el sustento a su hogar.

El boxeo, que no es solamente fuerza bruta dentro del entarimado al combinarse el arte y la ciencia, la técnica y el movimiento, la elegancia y el estilo, el valor y el carisma, la fortaleza y la resistencia, la inteligencia y la asimilación, le reservó a Chocolate un lugar especial en la historia.

El llamado "Negrito del Cerro'' era dueño de esa combinación de factores que hacen grande al más viril de los deportes, y él como pocos lo han hecho supo llevar a los cuadriláteros del mundo el arte y la ciencia a su máxima expresión.

Según algunos historiadores, logra 100 victorias sin derrotas como amateur. Luego pasa a las filas profesionales bajo la dirección de Luis Felipe "Pincho’’ Gutiérrez, que guía sus pasos hasta el último día de su brillante carrera.

Chocolate viaja a Estados Unidos en busca de abrirse paso en el escenario mundial. La plaza preferida fue el centro de la fama en este deporte, el Madison Square Garden. Así inicia Chocolate la conquista de la gloria a puño limpio, y con algo más: excelencia boxística.

Su primera presentacion en el Garden fue el 30 de noviembre de 1928 logrando un empate frente a Joe Scalfaro. Luego de varias victorias y de ganarse el respeto de los exigentes aficionados estadounidenses, se convierte en un ídolo para los neoyorquinos ganando su primera corona mundial el 15 de julio de 1931 por nocaut en siete asaltos ante Benny Bass, en pelea por la corona de las 130 libras celebrada en la ciudad de Filadelfia.

Conquista el cinturón pluma el 13 octubre de 1932 en Nueva York derrotando por la vía rápida en 12 rounds a Lew Feldman.

Tuvo en su poder dos fajas de forma simultánea, defendiendo con éxito la corona de las 130 libras en siete ocasiones donde no sufrió derrotas entre julio de 1931 y el 4 de diciembre de 1933. El título de los plumas lo defendió dos veces.

El "Bon Bon’’ del Cerro se midió a otros contrarios de enorme calidad como fueron el británico Jack Kid Berg, Fidel La Barba, Battling Battalino, Al Singer, Busty Graham, Chick Suggs y el sensacional Tony Canzoneri.

Sus proezas hubieran sido mayores, pero la fama perjudicó al Kid. El dinero le entró a sus arcas con una velocidad similar a la de sus jabs y precisas combinaciones. Tal como entraba el dólar, así lo gastaba. Llegaron decenas de mujeres, nuevos amigos y muchas noches de parranda. Fue entonces que comenzó su declive.

Su récord fue de 135 victorias, 10 derrotas y seis empates. Noqueó a 51 adversarios, y entre sus reveses sólo dos fueron por la vía rápida.

El veloz estilista cubano fue elegido al Salón de la Fama del Boxeo Mundial en 1959.

Falleció en La Habana en el verano de 1988 y sus restos descansan en el Cementerio de Colón.

El nombre de Eligio Sardiñas Montalvo es sinónimo de gloria deportiva y se encuentra grabado con letras de oro en la historia del pugilismo.

Kid Chocolate ha sido uno de los grandes campeones de todas las épocas.


domingo, 18 de octubre de 2009

Una de las maravillas del boxeo

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Fue un maestro del ring que hizo del boxeo un espectáculo de ciencia depurada.
Luis Manuel Rodríguez nació el 17 de junio de 1937, en Camagüey, Cuba. Su estatura era de cinco pies y nueve pulgadas.

Debutó el 2 de junio de 1956 en La Habana frente a su compatriota Lázaro Hernández Kesell, a quien derrotó por nocaut en tres asaltos. Con este combate, inició su carrera uno de los mejores pesos welter de todos los tiempos.

Después de 32 victorias consecutivas perdió su invicto por decisión dividida frente al estadounidense Emile Griffith, en pelea efectuada el 17 de abril de 1960.

Superó a cuatro rivales antes de ser derrotado por Curtis Cokes el 3 de agosto de 1961, en el Memorial Auditorium de Dallas, Texas. La revancha con Cokes se produce el 2 de diciembre de 1961 en el Convention Center de Miami Beach, y toma desquite ganando por decisión unánime.

Luis Manuel merecía una pelea titular en los welter entre 1959 y 1961 al ser el primer clasificado por la Revista The Ring, que en dicha etapa era quien organizaba los rankings oficiales. A tal extremo, que su compatriota Benny "Kid'' Paret sostuvo una pelea por la corona ante Don Jordan desde la posición nueve del escalafón luego de haber perdido dos veces frente a Rodríguez.

La oportunidad de un combate por el título no le llegó hasta 1963.

Ocurrió el 21 de marzo en el Dodger Stadium de Los Angeles donde derrotó por decisión unánime en 15 asaltos a Emile Griffith, en una jornada que se le llamó "La Noche Cubana’’, porque también el matancero Ultiminio Ramos discutió la faja de los plumas y superó en combate sangriento a Davey Moore, que perdió la vida por las consecuencias del castigo que recibió del antillano, convirtiéndose en la segunda víctima de los golpes de Ramos, pues la primera había sido "El Tigre’’ Blanco, en La Habana.

Tres meses después, el 8 de junio de 1963 en el Garden, Luis Manuel pierde la corona frente al propio Griffith, en pelea controversial que para la mayoría de los especialistas fue un robo en contra del cubano.

De las cuatro peleas que sostuvieron Luis Manuel y Griffith, en dos de ellas el cubano tuvo ligera ventaja y posibilidad de triunfo sobre el estadounidense, pero aún así las perdió.

Es bueno explicar que Griffith estaba bajo la sombra protectora del magnate del Madison Square Garden, Ted Brenner, en una época donde la mafia controlaba los grandes combates en la que se considera la Meca del Boxeo.

Luis Manuel también derrotó al famoso Rubin "Huracán’’ Carter por decisión unánime en el Garden, el 26 de agosto de 1965. Otros peleadores que perdieron ante el cubano además de Carter, Griffith y Cokes, fueron Isaac Logart, Tony Armenteros, Chico Vejar, Benny Paret, Wilbert MacClure, Benny Briscoe y Rocky Rivero.

Cuando invadió la división mediana alcanzó el número uno en el escalafón, logrando una pelea titular el 22 de noviembre de 1969 en Roma contra el campeón mundial el italiano Nino Benvenuti, y después de darle una lección de boxeo durante nueve asaltos, Luis Manuel fue víctima del peor enemigo de un pugilista: el cansancio. En esta situacion, dejando abierto un espacio en su excelente defensa, fue noqueado en el onceno por un gancho del italiano.

Entre las virtudes de Luis Manuel en los cuadriláteros podemos señalar las siguientes: colocación de sus golpes en el lugar justo, combinaciones precisas, genio en el arte de dar y que no te den, rapidez de piernas, inteligencia, instinto e intuición, maestría para ubicarse en ángulos invulnerables para llevar al oponente a territorio de inferioridad y dueño de uno de los mejores jabs en la historia.

Con todos estos atributos, Luis Manuel se convirtió en un verdadero cirujano del ring, que a pesar de haber sido uno de los virtuosos menos valorado en este deporte, está considerado por los expertos como una de las maravillas de todos los tiempos en la división welter.

Terminó su carrera con récord de 107 victorias y 13 derrotas, peleó 931 rounds, pertenece al Salón de la Fama del Boxeo Mundial y al Salón de la Fama del Deporte Cubano. Murió en Miami, el 8 de julio de 1996.


viernes, 2 de octubre de 2009

“Boxeador, reflejo del mexicano”

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Luis Carlos Sánchez
El 6 de noviembre de 1957, Raúl Ratón Macías peleó en Los Ángeles contra Alphonse Halimi por la unificación del campeonato mundial. En vísperas del encuentro, recuerda el periodista y cronista José Ramón Garmabella, la cabeza principal a ocho columnas de Últimas noticias, de Excélsior, rezaba: “La iglesia ora por la victoria del Ratón”.
La popularidad del boxeador, fallecido el 23 de abril pasado, fue comparada por muchos con la de Pedro Infante. Su gloria corrió a la par del surgimiento de la televisión y muchos afirman que ningún aparato permanecía apagado durante sus encuentros, por el contrario, incluso se rentaban sillas frente al televisor por sólo un peso, que incluían torta y refresco.
Dueño de un estilo cuya fuerza golpea por el lado de la franqueza, la inteligencia y el leguaje ameno, Garmabella ha ocupado una esquina del ring para enfrentar a los hombres detrás de la leyenda. Grabadora en mano y con los oídos de un periodista de viejo cuño, el cronista asesta un nuevo golpe: la publicación del libro Grandes leyendas del boxeo (Random House Mondadori, De Bolsillo, 2009) en donde recoge los testimonios del Ratón Macías, José Ángel Mantequilla Nápoles, Ultiminio Ramos, Carlos Zárate, Guadalupe Pintor y Humberto La Chiquita González.
El box, señala en entrevista el cronista, “pertenece a la memoria histórica, no sólo de la ciudad de México, sino de México entero”, también “es el deporte que más satisfacciones le ha dado al país”. Como muestra, Garmabella recuerda que hasta el momento, en estas tierras han nacido 116 campeones del mundo, sólo seguido de Estados Unidos, que ocupa la primera plaza.
Para el autor no hay lugar a dudas, la historia del box en México es una narración de la victoria, aunque no muchas veces, salir en hombros esté asegurado en el cuadrilátero. “El boxeo es propio de los países subdesarrollados, es el deporte propio de la miseria, ¿de dónde surge normalmente el boxeador?, del lumpen, de las clases más bajas. La única arma que tiene para sobresalir son sus puños y la destreza con la que los maneja. Algunos llegan a sobresalir, pero desafortunadamente, entre los amigos, las mujeres y el derroche irracional de dinero regresan al mismo medio, la mayoría de ellos, sin ninguna oportunidad de emerger nuevamente”.
En pocas palabras, señala, el ídolo del pugilismo comulga con el ciudadano común y corriente porque es un holograma de sí mismo. El boxeador, dice, “es un reflejo de lo que es el mexicano. El boxeo es un deporte individual, de un solo hombre; México sobresale porque aquí no sabemos trabajar en equipo, la prueba es que en los deportes de equipo nunca pasamos de un segundo plano”.

El 6 de noviembre de 1957, Raúl Ratón Macías peleó en Los Ángeles contra Alphonse Halimi por la unificación del campeonato mundial. En vísperas del encuentro, recuerda el periodista y cronista José Ramón Garmabella, la cabeza principal a ocho columnas de Últimas noticias, de Excélsior, rezaba: “La iglesia ora por la victoria del Ratón”.

La popularidad del boxeador, fallecido el 23 de abril pasado, fue comparada por muchos con la de Pedro Infante. Su gloria corrió a la par del surgimiento de la televisión y muchos afirman que ningún aparato permanecía apagado durante sus encuentros, por el contrario, incluso se rentaban sillas frente al televisor por sólo un peso, que incluían torta y refresco.

Dueño de un estilo cuya fuerza golpea por el lado de la franqueza, la inteligencia y el leguaje ameno, Garmabella ha ocupado una esquina del ring para enfrentar a los hombres detrás de la leyenda. Grabadora en mano y con los oídos de un periodista de viejo cuño, el cronista asesta un nuevo golpe: la publicación del libro Grandes leyendas del boxeo (Random House Mondadori, De Bolsillo, 2009) en donde recoge los testimonios del Ratón Macías, José Ángel Mantequilla Nápoles, Ultiminio Ramos, Carlos Zárate, Guadalupe Pintor y Humberto La Chiquita González.

El box, señala en entrevista el cronista, “pertenece a la memoria histórica, no sólo de la ciudad de México, sino de México entero”, también “es el deporte que más satisfacciones le ha dado al país”. Como muestra, Garmabella recuerda que hasta el momento, en estas tierras han nacido 116 campeones del mundo, sólo seguido de Estados Unidos, que ocupa la primera plaza.

Para el autor no hay lugar a dudas, la historia del box en México es una narración de la victoria, aunque no muchas veces, salir en hombros esté asegurado en el cuadrilátero. “El boxeo es propio de los países subdesarrollados, es el deporte propio de la miseria, ¿de dónde surge normalmente el boxeador?, del lumpen, de las clases más bajas. La única arma que tiene para sobresalir son sus puños y la destreza con la que los maneja. Algunos llegan a sobresalir, pero desafortunadamente, entre los amigos, las mujeres y el derroche irracional de dinero regresan al mismo medio, la mayoría de ellos, sin ninguna oportunidad de emerger nuevamente”.

En pocas palabras, señala, el ídolo del pugilismo comulga con el ciudadano común y corriente porque es un holograma de sí mismo. El boxeador, dice, “es un reflejo de lo que es el mexicano. El boxeo es un deporte individual, de un solo hombre; México sobresale porque aquí no sabemos trabajar en equipo, la prueba es que en los deportes de equipo nunca pasamos de un segundo plano”.


lunes, 28 de septiembre de 2009

Historia de la vida de Ryan Gracie, traducida al español.

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Ryan Gracie murió en algún momento entre las 5.30 y 6.50 de la mañana, del sábado, día 15 de diciembre de 2007.


Tenía 33 años. Vivía con Andrea Coli, una chica mona, heredera de grande fortuna, con quien se iba a casar después del carnaval; Ryan estaba preparado, ella tenía el vestido de prometida de su madre. Ryan quería a su hijo Rayron, de 6 años, fruto de un romance pasajero. Era muy querido por familiares y amigos y un mito de las competiciones de vale-tudo. Su nombre adorna, sólo en la ciudad de São Paulo, la fachada de 25 academias de jiu-jítsu, deporte que su familia, de origen escocés, implantó en Brasil, hay tres generaciones.

Ryan Gracie venció cinco Prides, el mayor evento de vale-tudo, realizado anualmente en Japón. Era adorado por los japoneses, rodearlo después de las victorias iban a rodearlo, durante las luchas, gritaban insaciantemente su nombre con un sonido casi infantil: “Greiciiiii!!!”. Ryan era un héroe en la patria del jiu jitsu.



Su muerte fue un duro golpe para su familia. “Que pena... El era un luchador excepcional”, dice Renzo, su hermano mas querido y entrenador en las competiciones internacionales. “Si disputase las olimpiadas en la modalidad greco-romana, ciertamente nos traería una medalla.”

Sus virtudes, según su familia y los amigos, tenía una combinación precisa de furia y técnica que exhibía en los ringues. “Él era una persona con generosidad absurda”, afirma la hermana Flavia, cuya hija, Kyra, 19 años, era el xodó de Ryan. “En una familia en que sólo los hombres brillaban, él me dio una fuerza enorme”, dice la sobrina, hoy faixa-preta de jiu-jítsu. “Cuando supo de su muerte, lloré mucho por dentro”, dice el luchador Vitor Belfort, otra leyenda del vale-todo. “Él hará mucha falta.”



“Ryan siempre fue un niño muy amado”, dice la madre, Vera Gracie. Pasados tres meses de la muerte del hijo menor, aún llora mucho cada vez que oye su nombre o ve una foto suya. “Yo sé que todos nosotros tenemos un tiempo marcado aquí en la Tierra y que nadie lo ultrapasará”, dice. “Pero duele demasiado saber que nunca más veré su rostro sonriente.” Más realista y resignado, su padre, el legendario luchador y profesor de jiu-jítsu Robson Gracie, exalta los atributos del hijo, sin embargo, delatar sus trazos problemáticos. Después de la muerte de Ryan, Robson tejió el siguiente comentario a la Gracie Magazine, revista bilingüe producida por Carlos Gracie Jr., primo de Ryan: “Mi hijo está descansando, durmiendo, después de vivir intensamente sus 33 años. A pesar de algunos señores, Ryan fue un guerrero, un caballero de la aventura, un héroe de los ringues. Él fue un campeón y el espíritu de él va a permanecer”.

De entre todas las personas próximas a Ryan, la más abatida con la tragedia parece ser su prometida, Andrea Coli. “Él era un bebé grande”, dice. “Jamás cobró nada de los ex-alumnos que abrieron academias con su nombre.” A los 32 años, Andrea es una economista experta. Hizo MBA y comanda el área comercial de la Itapemirim, empresa fundada por su padre y dueña de la mayor flota de autobús de transporte interestadual de Brasil.



Andrea, católica, va a la misa todos los domingos. “Ryan se tatuó la palabra Dios en la espalda”, afirma. “Era para contrabalancear el otro tatuaje, con la palabra devil (apenas) más abajo”. Andrea es vegetariana desde los 13 años de edad. “Yo siempre tuve pavor de comer los bichos”, dice. Los dos se conocieron en 1997, en la playa paulista de Maresias. “Fue pasión a primera vista”, dice ella.

“Comencemos a enamorarnos, pero yo estaba de partida en Estados Unidos, donde hice la facultad.” Andrea cursó la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB) de 1998 hasta 2003.

De vuelta a Brasil, mantuvo con Ryan una relación de ideas y venidas, hasta que, en el año 2005, pasaron a vivir juntos en el apartamento de él (Ryan) en el barrio paulistano del Itaim. Con lágrimas a escurrir por en su cara, Andrea dice: “Él fue el único gran amor de mi vida”.



Ryan era carioca. Nació en la clínica São Sebastião, en el barrio de Son Conrado, y vivió hasta la adolescencia entre el llamado Quiebra-Mar, en el inicio de la orilla de la Barra de la Tijuca, y el Recreo de Bandeirantes, entonces una playa yerma y paradisíaca. Según la madre, Vera, tuvo una infancia absolutamente tranquila. “Él siempre fue una persona muy cariñosa”, dice. “Cuando mi padre estuvo enfermo, Ryan pasaba los días con él, bajo las cubiertas, asistiendo a la TV.”



Como muchos de sus amigos, Ryan creció cogiendo ondas, deambulando por los centros comerciales y dando poca importancia a las clases, aunque haya completado el bachillerato. “Nunca lo oí decir que pretendía ser médico, abogado o ingeniero. Él siempre soñó ser un luchador”, cuenta la madre. Ryan comenzó a entrenar jiu-jítsu a los 3 años de edad. Pre-adolescente osado y extremadamente activo, vivió una experiencia destacada, aunque casi no la mencionara después de adulto: fue doble del actor Jonas Torres, el Bacana de Armazón Ilimitada, serie que marcó la vida de mucha gente los años 80 “. Él tenía 13 años y viajó mucho para hacer grabaciones”, cuenta la madre. “Él hacía las escenas más peligrosas, como surfear, saltar muros, saltar de las piedras en el mar, correr de bicicleta o de skate”, dice la prometida, Andrea.

“Yo me preocupaba con las peleas en las que se metía, más grande”, dice la madre. “Pero ellas me parecían cosas normales, típicas de la edad.” Con los años, sin embargo, esas reyertas asumieron un tono más serio. A los 17 años, fue llamado hijo de puta por un policía, Ryan le destrozó la nariz y los supercílios con un cabezazo devastador. “Él jamás llevó un problema a casa.”



“Era parte de su naturaleza”, dice la hermana Flávia. El temperamento explosivo hizo con que Ryan se metiera en muchas otras contiendas callejeras. En una de las más célebres, contra el luchador Tico – Sebastião Gonçalves Filho, su rival confeso –, Ryan, tiene mejor estilo que Mike Tyson, arrancó con una dentada un considerable cacho de la oreja derecha del adversario. En YouTube hay un vídeo amador de esa lucha. En otra ocasión, durante un churrasco en la Academia Gracie de la Barra, Ryan encaró un enemigo insólito: un enorme perro boxer, que avanzó sobre él con los mostrando los dientes. Ryan lo enfrentó a gritos. Minutos después, la fiera se acostó plácidamente a su lado. La frecuencia de esos episodios consolidó la fama de Ryan como uno de los exponentes de los llamados bad boys, practicantes de jiu-jítsu violentos, muchos inflados por anabolizantes, que salen por la noche creando problemas.



Casi siempre victorioso en esas reyertas, Ryan pasó a ser cada vez más querido por los amigos. En cambio, acumuló una colección de desafíos, rivales que encaró en los ringues o calles, vigiláis que hube zurrado, maridos o padres de mujeres que hube llevado hacia la cama. Creó, a los ojos de muchos, una fama de gamberro y mujeriego. Aparentemente justa. El propio padre, Robson, declaró en 2004 a la revista Gracie: “Ryan es dulce de leche en la boca de las niñas, desatador de elástico de bragas de mujer sabida”.

Ninguno de esos enemigos, sin embargo, se reveló tan odioso e implacable cuanto él propio (Ryan). La furia de Ryan Gracie, un Mike Tyson de quimono, jamás se limitó a los adversarios. Siempre tuvo un impulso autodestructivo. Un trazo que, al largo de la vida, lo causó en una escalada permanente. Ya adulto, y haciendo incursiones cada vez más peligrosas por el territorio de las drogas, ese impulso lo destruyó.

Todo indica que, en los últimos cinco años, Ryan buceó en las drogas con la misma voracidad con que se entregaba al combate. Ryan sufría. “Él estaba huyendo de él aún”, dice el padre, Robson. “Intentamos hacer un acompañamiento psicológico, pero él se rechazó.” Bajo las miradas impotentes de la familia y de los amigos, sus síntomas fueron agravándose. Ansiedad, crisis de pánico, depresión, síndromes de abstinencia cada vez más severas y, por fi m, brotes persecutorios pavorosos.



En el último de ellos, en la mañana de la víspera de su muerte, Ryan dejó su apartamento, cuyo lugar, hizo poco a poco un ringue de verdad como pieza principal de la mobiliaria, con la cabeza fría y un enorme cuchillo de en las manos. Amenazándolo con la lámina, robó el coche de un señor anciano que pasaba. Dirigió trastornado por menos de 200 metros, hasta hilar el vehículo en el banco de una plaza vecina. Asaltó, entonces, un motorista, para escapar. Mientras intentaba huír con la moto, el muchacho lo golpeó en la cabeza con el casco. Dos decenas de motoristas se juntaron al compañero y dominaron a Ryan, hasta que policías se lo llevaron.

Ryan Gracie solía decir a los amigos que, como Jesus Cristo y Ayrton Senna, moriría a los 33 años. Menos de 24 horas después, la profecía se cumplió. El gladiador estaba muerto. Los informes sobre su muerte apuntaron una combinación explosiva: drogas (cocaína y marihuana) y por lo menos cinco medicamentos: un antipsicótico (Dienpax), un antialérgico (Fenergan), un antipsicótico (Leponex), un anti alucinógeno (Haldol) y un anticonvulsivante (Topamax). La causa de la muerte fue anunciada días después. “La combinación de los cinco remedios con la cocaína y la marihuana restantes en su organismo produjo una grave depresión del sistema nervioso céntrico y una parada cardiorrespiratoria”, dice el médico Laércio de Oliveira, legista del Instituto Médico Legal (IML) que suscribió el informe.

Ryan, evidentemente, tiene la responsabilidad por la presencia de vestigios de marihuana y cocaína en su sangre. Cuanto a la medicación, ella fue ministrada por una figura enigmática: el médico bahiano Sabino Ferreira de Farias Neto, 56 años, cuya clínica, la Maxwell, trata casos de dependencia química en la ciudad paulista de Atibaia. Sabino vive ahora una situación delicada. “Estoy inclinado a denunciarlo por homicidio doloso, pues creo que él asumió el riesgo de matar Ryan al administrarlo una combinación tan peligrosa de medicamentos”, dice el fiscal Paulo D’Amico Jr.



A la revista FANTÁSTICO. “La cantidad de drogas de diferentes clases usadas en una misma situación puede potenciar las interacciones entre los medicamentos y los efectos colaterales, especialmente cardíacos”, afirma el psiquiatra Marcelo Feijó de Mello, profesor de la Universidad Federal del Estado de São Paulo (Unifesp).

Los primeros abogados que contrató abandonaron la causa. Su clínica ya no atiende llamadas de la prensa y enfrenta la amenaza de una huída de pacientes. Maxwell, el nombre de la clínica, es una referencia al psiquiatra inglés Maxwell Jones, uno de los pioneros de la tesis de que los pacientes aprenden a superar dificultades con la ayuda de otros en la misma situación. Amplio caserón en una de las avenidas céntricas de Atibaia, la clínica se acuerda un spa, con piso de mármol, salón de juegos y hasta un piano en la sala. Posee 50 suites, individuales o parejas, para casos en que familiares acompañan los pacientes.

El lugar abriga aún un restaurante, academia, piscina y sala de televisión. La mensualidad varía de R$ 10 mil a R$ 30 mil. Allí ya estuvieron ingresados, entre otros, el cantante Rafael, ex-vocalista del grupo Dominó, y el actor Maurício Mattar, ex-marido de Flávia Gracie, hermana de Ryan. Fue Mattar quién, después de una internación para librarse del alcohol y de las drogas, recomendó la clínica a los familiares de Ryan.

Sólo lo vio dos veces. La primera en el fin de 2006, cuando el luchador tuvo su primera crisis más aguda. Ryan alternaba, hasta entonces, periodos de abstinencia y recaídas. En el Carnaval de 2006, pasó 15 días ingresado en una clínica paulistana. “Él no aguantó quedarse más, de tan avasallado que se sentía con los remedios”, dice la prometida, Andrea.

Amigos y enemigos reconocen que, en las fiestas, Ryan solía ir de más de la cuenta. Hacía uso frecuente de cocaína y alcohol y, después, recurría a los comprimidos de Dormonid, un poderoso sedante que ya tomaba regularmente, para bajar la euforia provocada por el polvo. “Él tomaba uno o más comprimidos y, aún así, sólo dormía dos o tres horas por noche”, dice Andrea.



Cierta vez, llamaron a la casa de Ryan diciendo que uno de sus amigos, Betinho, estaba bajo un viaducto del viejo centro paulistano, delirando de tanto fumar crack y creyendo que un mendigo era su padre. Ryan fue recogerlo y lo abrigó en el propio apartamento. “Ahí él comenzó a hilar el pie en la jaca otra vez”, dice la prometida. Fue entonces que, madre de Ryan, Vera Gracie, llamo a Sabino.

En la visita, el médico recomendó que Ryan Gracie que se le ingresara. Él rechazó. “Usted necesita limpiarse, muchacho”, dijo Sabino. “No. Yo me curo solo”, fue la respuesta. Ryan prefirió desintoxicarse en California. Vivió tres meses en San Francisco. En ese periodo, se quedó hospedado en la casa del hermano Ralph, que dirige cinco academias en el estado americano, y se dedicó a los entrenamientos. “Cuando volvió, su mente estaba limpia”, dice Andrea. “Abrimos juntos la academia, él volvió a dar clases diarias y sus alumnos ganaron muchos torneos.”



En octubre de 2006, en un episodio oscuro, Ryan tuvo la vena aorta femoral de la pierna izquierda perforada por el disparo de una pistola 9 mm. Según la hermana Flávia, el tiro, accidental, ocurrió en su casa, en el Río. Otra versión, susurrada por practicantes de jiu-jítsu, dice que Ryan fue blanqueado en un bar de la Barra por el marido de una mujer con quien hube tenido un caso. “El sujeto asestó en los genitales, pero acabó errando el tiro”, dice una fuente, que pide anonimato. De todo modo, el caso fue serio. “Ryan tuvo una fuerte hemorragia, perdió casi toda la sangre. Llegó inconsciente al hospital, con una parada cardiorrespiratoria, pero lo trajeron de vuelta”, dice Flávia. Un mes después, sin embargo, Ryan caminaba normalmente.

“Fue entonces cuando me di cuenta de los problemas de él eran muy serios”, dice Andrea. “Él vivía triste y deprimido y tenía siempre Dormonids cerca.”



A mediados de 2007, Ryan pasó a tener brotes persecutorios menos espaciados y más preocupantes. “Él comenzó a decir que podrían pinchar nuestros teléfonos o secuestrarnos. Sentía mucho miedo, a punto de ya no querer salir de casa”, cuenta Andrea.

“Cuando él iba a eventos, yo mandaba mis guardas jurados junto, para que se sintiera tranquilo.” En el fin de semana anterior su muerte, Ryan tuvo nuevamente. “Él creía que estaba siendo perseguido y pidió ayuda de la policía para volver hacia casa”, dice la prometida.



El miércoles siguiente, 14 de diciembre, Ryan comenzó a teclear el final capítulo de su propia vida. Dijo que iría a participar a un evento. Andrea decidió dormir en la casa de su madre. Ryan fue de fiesta con amigos. “En la quinta, llamé a él antes de ir a trabajar y lo hallé medio extraño. Para no pelear, lo dejé tranquilo y pasé otra noche con mi madre”, cuenta la prometida. El viernes, la empleada de Ryan telefoneó, diciendo que él estaba pasando muy apenas; el mismo brote lo fustigaba, sólo que, de esa vez, muy fuerte. “Llamé a Russo, primo de Ryan, que fue al apartamento, pero él había salido hace unos 15 minutos.”

Finalmente lo localizaron en el 15º Distrito Policial (Itaim). “Dijeron en la comisaría que él necesitaba de un atestado médico de que era dependiente y recomendara la internación”, dice Andrea. Flávia voló hacia São Paulo y llamó el doctor Sabino. A las 20h30, Andrea habló con Ryan por la última vez. “Él me dijo que estaba bien y pidió que yo fuera hacia casa”, ella dice. Sabino llegó a las 22h30. Ryan, estaba en buen estado, comió un bocadillo. Aprovechando el asedio del mas media, lo vigilaron el Grupo de Operaciones Especiales (GOE) insistieron en acompañarlo hasta el IML, para el examen de cuerpo de delito. Ryan estaba lúcido. Reclamaba sólo de dolores en el hombro.





En el IML, como estuviera esposado, cosecharon muestras de sangre de las venas de sus pies. Sabino se aproximó, entonces, con una bandeja metálica repleta de medicamentos. Quebró tres ampollas de Haudol y dos de Fenergan e inyectó cada uno de los remedios en una nalga de Ryan. Después le dio una copa de plástico, lleno de comprimidos. “¿No es mucha cosa, doctor?”, preguntó Flávia. “Su hermano es un león; necesita de una dosis extra”, habría respondido el médico.

Ryan siguió, entonces, para otro distrito, el 91º, que tienen a los detenidos durante los fines de semana. “Él salió andando normalmente pero, al llegar, tuvo que salir del coche amparado, pues estaba muy drogado”, dice Flávia. Sabino, le quitó la presión: 17 por 12. Le administro, entonces, 25 miligramos de Capoten para bajarla, 10 miligramos más de Dienpax y, antes de ir aunque, otro comprimido. Según Flávia, el médico habría dicho: “Toma, Ryan: ese es uno de mis”.



Volvería a las 9h, con los abogados. Media hora después, Sabino llamó a la hermana de Ryan, diciendo que quería recibir los R$ 5 mil de la consulta y otros R$ 500 por los medicamentos. “Él insistió en recibir todo en dinero”, dice Andrea. Como no tenía toda la cuantía en casa, ella entregó al médico, que pasó en su casa poco después de la llamada, R$ 3 mil en notas de R$ 50 y un cheque de R$ 2.500. Por semanas Andrea no percibió ningún movimiento en su cuenta referente a ese cheque. El día 6 de marzo, sin embargo, fue descontado. “Él aún tuvo ese coraje de cobrarlo”, ella dice.

Por sugerencia del médico, en aquella madrugada Andrea también despachó su conductor para la comisaría, llevando R$ 100, que fueron entregados a un carcelero. “Ryan quiere pedir una pizza”, dijo Sabino.

Minutos antes de las 7 horas, el móvil de Andrea tocó. Era el carcelero, que dijo: “Corra para la comisaría que él está pasando muy apenas”. Llamaron a el doctor Sabino, que recomendó, por teléfono, dos ampollas más de Fenergan. En la llegada al DP, la noticia: “Nada mas ver la cara del delegado, comencé a llorar”, afirma Flávia. “Él dijo: ‘Tranquila, tranquila... Su hermano falleció’”.



Ryan Gracie estaba solo en un zulo con cerca de 6 metros cuadrados. Otros presos dijeron que él se asfixiaba mucho, emitiendo un sonido ronco extraño desde antes del amanecer. No pidió socorro. De pronto, se quedo quieto. Ryan estaba sentado en un canto de la celda. Sus piernas formaban un leve arco en el suelo sucio. Su cuerpo pendía para el lado izquierdo. Sus ojos, semi-abertos, asestaban el vacío. Su lucha, había terminado.

fuente:http://cocodrilotopteam.blogspot.com/2009/09/historia-de-la-vida-de-ryan-gracie.html

miércoles, 26 de agosto de 2009

Recordando a Andy Hug (1964 - 2000) + VIDEO

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Andy Hug, (Septiembre 7 de 1964, Agosto 24 de 2000) El hijo prodigio de Suiza en la disciplina de el Karate en su rama Kyokushin.
Andy nacio en Zurich, Suiza. Nunca conoció a su padre que se dice, era miembro de la legión extranjera.
Después de una dura vida en Suiza, y entrenando desde los 11 años karate. Andy gano su primer torneo nacional. Con esto su carrera abrió camino hacia mayores torneos, convirtiendolo en el mejor exponente de la disciplina en su nación.
Como su máximo y primer logro, fue el primer extranjero en llegar a la final de el tradicional Karate World Championships en Japón.
Después de esto, el estilo y el honor que Andy mostraba en cada combate, lo hizo uno de los máximos ídolos de artes marciales en la tierra de el sol naciente.
Por una invitación de el padrino de K-1, Kazuyoshi Ishii, Andy paso a formar parte de el super roster de la empresa K-1. Donde vivió su máxima gloria al ser coronado como 1996 K-1 Grand Prix champion.

Uno de sus legados es hasta ahora su espectacular Axe Kick y su patada insignia, “the Hug Tornado” técnica basada en la patada giratoria baja.

En 2000 Andy, sucumbió al estado avanzado de la enfermedad Leusemia. Pero su legado aun sigue estando vivo.




FUENTE

jueves, 16 de julio de 2009

PUÑOS DEL RECUERDO

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Luego que el boxeo comenzara a ser considerado como un deporte, de a poco se fue afirmando en la consideración general como una disciplina deportiva respetable, que no cualquiera podía practicarla. Comenzó a desperdigarse desde los Estados Unidos, pero en los comienzos de 1900, se expandió por todo el mundo, y lógicamente, Argentina no podía ser la excepción.
Comenzaron a surgir valores que con el tiempo se harían famosos y perdurarían para siempre en la historia, como el caso de Luis Angel Firpo, el famoso “Toro Salvaje de las Pampas”, de quien ya nos ocuparemos más adelante.
En la Meca del boxeo, Estados Unidos, había comenzado a brillar con luz propia un hombre que estaría entre los más destacados de la historia mundial de este deporte, Jack Dempsey. Su verdadero nombre era William Harrison Dempsey, nacido en Manassa, el 24 de junio de 1895 y fue un auténtico campeón, su campaña se fue poblando de famosos púgiles que cayeron derrotados por la fortaleza de sus puños: Billy Miskie, George Carpentier, Tommy Gibbons y nuestro recordado Luis Angel Firpo, entre otros.
Pero el tiempo no transcurre en vano, en 1926, el joven Gene Tunney derrota al campeón por puntos y se consagra nuevo monarca de todos los pesos, título que abandonó en 1929, luego de haberlo defendido exitosamente y dejándolo vacante.
Luego comenzaron a aparecer destacadas figuras como el alemán Max Schmelilng, Jack Sharkey, Max Baer, Primo Carnera, el gigante italiano, entre otros conocidos.

El Bombardero.

El 22 de junio de 1937 surgió un pugilista que sería leyenda en el boxeo mundial, Joe Louis, a quien apodaban “ El Bombardero de Detroit”, que por el cetro vacante enfrentó y derrotó por K.O. en el 8º round a James Braddock, conquistando nuevamente el título para su raza.
Louis realizó una campaña asombrosa, excepcional, hasta hoy inigualada y muy difícil de superar: defendió exitosamente su título en 25 oportunidades, manteniéndose campeón por 11 años y 8 meses, un record absoluto en todas las categorías. En 1949 decidió abandonar el boxeo y dejó la corona vacante.
En 1952 surgió otra de las figuras consulares del boxeo mundial, hasta hoy recordada: Rocky Marciano (foto), quien el 23 de septiembre de ese año, enfrentó y derrotó al veterano campeón Joe Walcott, que no pudo ante la potencia de los puños del joven invicto, que venía volteando muñecos, y cayó ante Marciano por K.O. en el 13º round, no sin antes haber soportado la bravura del veterano púgil de color, que vendió cara su derrota.
Rocky Marciano (Rocco Marchegiano era su verdadero nombre) se retiró invicto del pugilismo, dejando vacante el título en 1956, siendo campeón del mundo y sin haber ni siquiera empatado un combate. Ganó sus 49 cotejos. Todo un record. HIzo 49 peleas, todas ganadas y 43 de ellas por K.O. frente a boxeadores de tremenda potencia.
En ese mismo año de su retiro, 1956, tuvo un accidente aéreo, en un pequeño avión que le costó la vida. Fue en su momento una de las tragedias más grandes del deporte mundial. Marciano fue un guerrero del ring, que nunca se daba por vencido, un tremendo pegador que tenía una terrible potencia en ambas manos. Un noqueador de raza y por instinto, invencible.

Una disciplina dura.

El boxeo en sus comienzo fue un deporte que de a poco fue teniendo elegancia, sutil y con mucho estilo. Aún hoy los boxeadores son en general de clase baja, que ven en esta disciplina una forma de salvarse en la vida. Pero también aparecieron los promotores y managers que, sentados en su oficina, lucran con el sacrificio de sus boxeadores, que les hacen ganar fama y dinero a costa de su esfuerzo y sacrificio.
Un ejemplo claro de esto es Don King, uno de los promotores que más dinero ha ganado con sus representados desde sus comienzos en la ciudad de Cleveland y que formó uno de los más grandes imperios dentro del boxeo profesional.
Por suerte surgieron nuevas reglamentaciones para proteger un poco a los púgiles, se bajaron los títulos mundiales de 15 a 12 rounds, con nuevas instrucciones para los árbitros, creándose nuevas organizaciones y así también aparecieron multitud de campeones en cada categoría.
Sin dudas, desde sus comienzos, el boxeo se constituyó como uno de los deporte más complejos y duros de practicar, pero esto ya es materia de una próxima nota.


------------------------------------------------Por Francisco Villagrán.



sábado, 20 de junio de 2009

Los sueños escritos del ex boxeador "Chamorro"

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El ex boxeador profesional Ramón Oliva, "Chamorro", presenta hoy, a las 19, con el auspicio del Círculo de Escritores del Comahue su nuevo libro -ya van seis- "Acariciando sueños", en la Biblioteca Rivadavia.

Ramón Oliva nació el 20 de junio de 1945 en Cipolletti, en el histórico barrio Santa Clara, pero desde 1975 reside en la capital neuquina. Allí y mucho más en su patria chica cipoleña es un patrimonio deportivo y cultural que sigue vigente en miles de pobladores. Fue boxeador profesional desde 1967 a 1979, ganó campeonatos regionales y argentinos y en su rincón tuvo muchas veces como médico al ex intendente Julio Dante Salto, uno de sus más acérrimos admiradores. "Chamorro" cursó estudios en la escuela 53 Bernardino Rivadavia de Cipolletti y en el Colegio San Francisco de Sales, en Viedma. Autodidacta por excelencia -leía todo lo que le llegaba a las manos- se lanzó al boxeo manteniendo siempre que pudo, las lides del gallardismo deportivo.

Su libro "Directo al corazón" precede al que se presentará hoy, y es una pincelada de situaciones alentadoras y también traumáticas. "Sueño de niño", de "Directo al Corazón" (2004) es una de sus composiciones más emotivas y por qué no, jugadas: "Señorita maestra, anoche tuve un sueño. Soñé que del país yo era Presidente. No había odios ni ambiciones, y toda la gente humilde vivía feliz, en igualdad de condiciones, sin miedo al rechazo y podía expresarse sin temores. Qué poco duró la alegría. Al despertar, comprobé que la realidad nos seguía abofeteando".

Rufino Duarte, autor del libro "El dirigente", explicó por qué leer a "Chamorro", o "Chamorrito", como lo llama con cariño. "Porque en forma clara y sencilla expresa los sentimientos más puros. La sencillez es el signo distintivo de la grandeza de espíritu. El autor, desde la pureza de la sencillez, llega al lugar más fácil y accesible del ser humano, el corazón, pero también el más difícil cuando se trata de dejar la marca de la pureza sentimental".

Experiencia personal. "Una mochila cargada de esperanzas, de sueños, de amistad y frustraciones, una pluma que busca en la constancia codearse con sus bravas sensaciones. Ya no hay golpes, ni oscuros laberintos. Chamorro tiene un cinturón distinto. No de campeón de un ring de fantasía, y sí de un alma con penas y alegrías. Siga buscando poeta su destino, que yo seré compañero del camino". Este es un verso de uno de sus amigos entrañables, periodista por caso, a quien un día, en la plaza San Martín, "Chamorro" le entregó un libro y le pidió que difunda algo de "un pedacito" de su vida.


sábado, 13 de junio de 2009

La historia de Sakuraba

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Esta es la historia de un mito, de cómo un héroe empieza a fraguar su leyenda a base de coraje, entrega y superación, es la historia de Sakuraba. Corría el año 1997, 21 de Septiembre, la organización de UFC llevaba varios años funcionando con éxito y prepara su desembarco en la tierra del sol naciente ya que sus dirigentes conocían el gusto de los japoneses por los deportes de contacto, para ello prepararon un gran evento UFC: Ultimate Japan, también conocido con UFC 15.5.

Hasta Japón fueron los mejores luchadores de la época, Randy Couture que venia de ganar el torneo de los pesados de UFC 13 se presentaba como aspirante al titulo de los pesados por primera vez, su rival y campeón, todo un experto en Kick Boxing Maurice Smith. Por su parte Frank Shamrock se enfrentaba a Kevin Jackson para conseguir el primer cinturón de los pesos medios de la organización y además Vitor Belfort luchaba con Joe Charles en otro de los grandes combates de la noche. El evento se completaba con un torneo de los pesos pesados que tenia como máximo favorito a otro gran mito de este deporte David “Tank” Abbot.





Para llamar la atención del publico nipón los organizadores de UFC contrataron a dos luchadores locales para participar en ese torneo, Hiromitsu Kanehara and Yoji Anjoh, pero el primero de ellos resulto lesionado durante los entrenamientos para el torneo, entonces fue cuando Kazushi Sakuraba decidio entrar en la historia de este deporte.

Por aquellos tiempos el peso mínimo para luchar en los pesos pesados era 91 kg, Sakuraba que tan solo pesaba 83 Kg se inscribió indicando que su peso era de 92 kg, su primer oponente seria Marcus “Conan” Silveira un poderoso brasileño de 110 Kg, cinturón negro en BJJ y discípulo de Carlson Gracie, Marcus contaba con mas de 20 combates de experiencia y ya había sido campeón de Valetudo en su país.

El evento se disputo en el Yokohama Area ante poco más de 5000 espectadores Kazushi Sakuraba se adentro en el ring sin ningún tipo de complejo como ha sido habitual durante toda su carrera, la lucha empezó trabada, ambos trataba de imponer su estrategia, Saku buscaba aplicar alguna submision y Silveira aprovechaba su mayor fortaleza para zafarse y atacar, en el minuto 1:45 Silveira lanza una potente mano izquierda que Sakuraba siente, el brasileño continua lanzando golpes a la cabeza de su rival hasta que Saku se va al suelo buscando un “single leg” en ese momento Big John McCarthy se abalanza sobre los dos luchadores deteniendo el combate, son momentos de confusión por que si bien Sakuraba esta recibiendo castigo no parecía que estuviese KO.
El japonés primero se muestra confundido, luego frustrado y pide explicaciones al referee, en ese momento Bruce Buffer entra en el ring para anunciar a Marcus Silveira como ganador del combate y Sakuraba le impide hablar tapando el micrófono, esta realmente enfadado y descontento pero era demasiado tarde el combate había finalizado.

El torneo continuo, Tank Abott se enfrento a Yoji Anjoh venciéndole por decisión únanime de los jueces tras 15 minutos de lucha, pero en el transcurso del combate sufrió una rotura en la mano que le impidió continuar en el torneo, el primer evento en Japón se iba a quedar sin la final de torneo de los pesados así que los organizadores decidieron dar a Sakuraba la posibilidad de vengar la injusta derrota con la que empezó su carrera, Saku acepto sin dudarlo, entro de nuevo al ring todavía más concentrado y decidido a vencer a su rival, esta vez la pelea se disputó básicamente en el suelo del octógono donde Saku se sentía más cómodo e intentaba aplicar el kimura una y otra vez mientras Macus Silveira volvía a aprovechar su fuerza natural para impedir que Saku consiguiese su objetivo, hasta que el minuto 3:35 Sakuraba hizo un rapidísima transición del lado derecho al lado izquierdo de su rival para aplicar un armbar no muy técnico pero si cargado de fuerza y rabia, Silveira no tuvo otra opción que tapear, esta vez Big Jhon se tenía que abalanzar sobre el menudo japonés para confirmar que Sakuraba era el vencedor del combate, en ese momento el octógono se lleno de japoneses orgullosos de la venganza de Saku, que fue levantado en hombros para el delirio de un público enfervorecido que no tuvo otra opción que ponerse en pie y que desde entonces no ha dejado de hacerlo cada vez que Sakuraba ha disputado un combate.

Aquí y así comenzó el mito de Sakuraba asi como el amor de sus compatriotas por uno de los mas grandes luchadores de la historia de este deporte .... el resto ya lo conocéis Pride, los Gracie, Wanderlei, Heros, Akiyama, Dreams ... una carrera de ensueño.

Ahora solo os queda de disfrutar de este video recopilatorio de este mítico evento.

FUENTE FCPERU.COM

domingo, 24 de mayo de 2009

Un combate que dura ya 33 años

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POR FERRÁN VILADEVALL

Hacía calor, casi 40 grados. El boxeador Joe Frazier estaba medio ciego de un ojo por unas cataratas, y el otro lo tenía hinchado y lleno de sangre por los golpes recibidos. Ante él, la sombra fugaz del corpulento Muhammad Ali le atenazaba con golpes que matarían a cualquier otro mortal.

Era el asalto 14 de los 15 programados y los guantes de Ali caían sin aviso. No podía verlos. Un gancho de izquierda hizo perder el protector bucal a Frazier y su sangre salpicó a las primeras filas de espectadores. Sin embargo, Frazier seguía devolviendo el ataque con rabia y acierto. Tanto que el propio Ali, considerado por muchos como el mejor boxeador de todos los tiempos, definió años más tarde esa pelea como «la experiencia más cercana a la muerte que había experimentado».

Se habían dado tal paliza que era difícil saber quién caería primero. De todas maneras, con Frazier técnicamente ciego, el combate ya no era justo. Desde la esquina, el equipo de Frazier se dio cuenta de que su pupilo no estaba en condiciones de seguir. Eddie Futch, el entrenador así se lo comunicó. «Joe, voy a detenerlo», le dijo. Sin levantar la mirada, el boxeador protestó: «Pero jefe, le quiero ganar». Una muestra innegable de determinación y dureza. «Siéntate hijo», siguió Futch. «Nadie olvidará jamás lo que hiciste hoy aquí».

Y así fue. Ali el primero. Nada más ver que su oponente arrojaba la toalla, levantó el brazo y cayó redondo al suelo. Era el primero de octubre de 1975 en Quezon City, en la Filipinas del dictador Ferdinand Marcos, que buscaba distraer al país y al mundo del descontento social que reinaba en su archipiélago. Ambos pesos pesados se enfrentaban por tercera y última vez en lo que se ha conocido como The thrilla in Manila (el thriller de Manila) por lo que había en juego. No sólo el cetro mundial, sino el prevalecer victorioso en un rifi-rafe personal que aún hoy perdura. Ali ganó. Sin embargo, expertos del boxeo coinciden en que Ali llegó a su máximo nivel gracias al empuje, la fuerza y la agresividad de Frazier. Un toro que no necesitaba capote para embestir.

Con todo, Frazier no entiende por qué la gente considera el combate como el arquetipo de la lucha en el cuadrilátero: «La mejor pelea fue la del año 71, cuando ninguno de los dos había perdido ningún combate todavía», recuerda en un reciente documental estrenado por el canal de cable HBO en el que se analiza el impacto del combate. «Había más dinero, más gente. No entiendo por qué insisten en convertir esa (tercera) pelea entre nosotros como la mejor».

Con razón. Cuatro años antes de la masacre de Manila, Frazier hizo morder la lona a su enemigo. Fue en el Madison Square Garden de Nueva York. Primera derrota del invencible Ali que elevó a Smokin' Joe a lo más alto del podio como nuevo campeón del mundo de los pesos pesados.

«PRIMATE, ESCLAVO»

El documental juega con la revisión del enfrentamiento en Manila. Sientan a Frazier delante de un monitor para que reviva las emociones del combate más de 35 años después. Un tormento. Más por las provocaciones de Ali, con sus comentarios arrogantes e incisivos, que por la pelea. Ali le llamó feo, gorila y tío Tom. Quería dinamitar su autoestima etiquetándole de primate y esclavo. Pero Frazier no se dejaba amilanar.

Como cristiano, además, ha esperado todos estos años que fueran los poderes superiores los que ajusticiaran al bocazas. El destino ha querido que así sea. Hoy día, Ali sufre de un Parkinson agresivo que le impide hablar, mientras que Frazier, a sus 65 años, todavía conserva sus funciones motoras bajo control. Eso sí, arruinado y con unos ingresos modestos: regenta un gimnasio en su Filadelfia natal.

«No creo que fuera mi culpa», analiza Frazier sobre el descalabro de salud de su oponente. «Es Dios quien le ha juzgado. Quizás tuviera algo que ver, en eso estoy de acuerdo, pero los de aquí no tenemos el poder de juzgar».

Con todo, es fácil asumir que los golpes de Frazier -y su gancho de izquierda- fueran los mayores castigos que recibió Ali en sus dos décadas como boxeador, y se sospecha que pudieron ser parte importante del colapso neurológico posterior del púgil. Según Frazier, sus golpes dañaron gravemente los riñones y el hígado de Ali, además de la cabeza. Unos golpes que, según Larry Holmes, otro peso pesado con solera, son «como una descarga eléctrica». De la potencia de golpe de Ali, en cambio, dice: «Está sobrevalorada».

Independientemente de la fuerza de sus puños, lo que une a Frazier y Ali es el odio. Sobre todo por parte de Frazier. Con los años, Ali superó la envidia y la humillación de la primera derrota de su carrera, ante Frazier, el 8 de marzo de 1971.

Ali elevó una disculpa a través del Washington Post. Frazier la desestimó por no haber sido dirigida a él personalmente. Otra disculpa fue a través de su hijo Marvis Frazier, poco después del combate, y la última hace unos cuatro años. No han servido para nada. El dolor emocional infligido a Frazier ha sido grave. Tanto que, en 1996, cuando Ali prendió el pebetero olímpico en Atlanta, Frazier reconoció que le hubiera gustado «empujarle para que cayera dentro».

«Aunque perdió dos de las tres peleas, parece que no entiende que le ennoblecieron tanto como a Ali», escribió el pulitzer David Halberstam. «La única razón por la que conocemos el alcance de Ali, es por la equivalente grandeza de Frazier».

La polémica sigue viva. Acaba de aparecer en España En la cima del mundo (451 Ed), obra del fallecido Norman Mailer que rescata la leyenda.



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Ali contra Frazier

- Ambos fueron campeones del mundo de los pesos pesados. Su más famoso combate, de los tres que tuvieron, fue el tercero, en 1975. Ali ganó por segunda vez.

- Ambos viven. Ali padece Parkinson.

Mailer. Se edita en España la obra de Norman Mailer sobre Ali y la cadena HBO estrena documental sobre su rivalidad.

FUENTE EL MUNDO.ES

Un combate que dura ya 33 años

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POR FERRÁN VILADEVALL

Hacía calor, casi 40 grados. El boxeador Joe Frazier estaba medio ciego de un ojo por unas cataratas, y el otro lo tenía hinchado y lleno de sangre por los golpes recibidos. Ante él, la sombra fugaz del corpulento Muhammad Ali le atenazaba con golpes que matarían a cualquier otro mortal.

Era el asalto 14 de los 15 programados y los guantes de Ali caían sin aviso. No podía verlos. Un gancho de izquierda hizo perder el protector bucal a Frazier y su sangre salpicó a las primeras filas de espectadores. Sin embargo, Frazier seguía devolviendo el ataque con rabia y acierto. Tanto que el propio Ali, considerado por muchos como el mejor boxeador de todos los tiempos, definió años más tarde esa pelea como «la experiencia más cercana a la muerte que había experimentado».

Se habían dado tal paliza que era difícil saber quién caería primero. De todas maneras, con Frazier técnicamente ciego, el combate ya no era justo. Desde la esquina, el equipo de Frazier se dio cuenta de que su pupilo no estaba en condiciones de seguir. Eddie Futch, el entrenador así se lo comunicó. «Joe, voy a detenerlo», le dijo. Sin levantar la mirada, el boxeador protestó: «Pero jefe, le quiero ganar». Una muestra innegable de determinación y dureza. «Siéntate hijo», siguió Futch. «Nadie olvidará jamás lo que hiciste hoy aquí».

Y así fue. Ali el primero. Nada más ver que su oponente arrojaba la toalla, levantó el brazo y cayó redondo al suelo. Era el primero de octubre de 1975 en Quezon City, en la Filipinas del dictador Ferdinand Marcos, que buscaba distraer al país y al mundo del descontento social que reinaba en su archipiélago. Ambos pesos pesados se enfrentaban por tercera y última vez en lo que se ha conocido como The thrilla in Manila (el thriller de Manila) por lo que había en juego. No sólo el cetro mundial, sino el prevalecer victorioso en un rifi-rafe personal que aún hoy perdura. Ali ganó. Sin embargo, expertos del boxeo coinciden en que Ali llegó a su máximo nivel gracias al empuje, la fuerza y la agresividad de Frazier. Un toro que no necesitaba capote para embestir.

Con todo, Frazier no entiende por qué la gente considera el combate como el arquetipo de la lucha en el cuadrilátero: «La mejor pelea fue la del año 71, cuando ninguno de los dos había perdido ningún combate todavía», recuerda en un reciente documental estrenado por el canal de cable HBO en el que se analiza el impacto del combate. «Había más dinero, más gente. No entiendo por qué insisten en convertir esa (tercera) pelea entre nosotros como la mejor».

Con razón. Cuatro años antes de la masacre de Manila, Frazier hizo morder la lona a su enemigo. Fue en el Madison Square Garden de Nueva York. Primera derrota del invencible Ali que elevó a Smokin' Joe a lo más alto del podio como nuevo campeón del mundo de los pesos pesados.

«PRIMATE, ESCLAVO»

El documental juega con la revisión del enfrentamiento en Manila. Sientan a Frazier delante de un monitor para que reviva las emociones del combate más de 35 años después. Un tormento. Más por las provocaciones de Ali, con sus comentarios arrogantes e incisivos, que por la pelea. Ali le llamó feo, gorila y tío Tom. Quería dinamitar su autoestima etiquetándole de primate y esclavo. Pero Frazier no se dejaba amilanar.

Como cristiano, además, ha esperado todos estos años que fueran los poderes superiores los que ajusticiaran al bocazas. El destino ha querido que así sea. Hoy día, Ali sufre de un Parkinson agresivo que le impide hablar, mientras que Frazier, a sus 65 años, todavía conserva sus funciones motoras bajo control. Eso sí, arruinado y con unos ingresos modestos: regenta un gimnasio en su Filadelfia natal.

«No creo que fuera mi culpa», analiza Frazier sobre el descalabro de salud de su oponente. «Es Dios quien le ha juzgado. Quizás tuviera algo que ver, en eso estoy de acuerdo, pero los de aquí no tenemos el poder de juzgar».

Con todo, es fácil asumir que los golpes de Frazier -y su gancho de izquierda- fueran los mayores castigos que recibió Ali en sus dos décadas como boxeador, y se sospecha que pudieron ser parte importante del colapso neurológico posterior del púgil. Según Frazier, sus golpes dañaron gravemente los riñones y el hígado de Ali, además de la cabeza. Unos golpes que, según Larry Holmes, otro peso pesado con solera, son «como una descarga eléctrica». De la potencia de golpe de Ali, en cambio, dice: «Está sobrevalorada».

Independientemente de la fuerza de sus puños, lo que une a Frazier y Ali es el odio. Sobre todo por parte de Frazier. Con los años, Ali superó la envidia y la humillación de la primera derrota de su carrera, ante Frazier, el 8 de marzo de 1971.

Ali elevó una disculpa a través del Washington Post. Frazier la desestimó por no haber sido dirigida a él personalmente. Otra disculpa fue a través de su hijo Marvis Frazier, poco después del combate, y la última hace unos cuatro años. No han servido para nada. El dolor emocional infligido a Frazier ha sido grave. Tanto que, en 1996, cuando Ali prendió el pebetero olímpico en Atlanta, Frazier reconoció que le hubiera gustado «empujarle para que cayera dentro».

«Aunque perdió dos de las tres peleas, parece que no entiende que le ennoblecieron tanto como a Ali», escribió el pulitzer David Halberstam. «La única razón por la que conocemos el alcance de Ali, es por la equivalente grandeza de Frazier».

La polémica sigue viva. Acaba de aparecer en España En la cima del mundo (451 Ed), obra del fallecido Norman Mailer que rescata la leyenda.



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Ali contra Frazier

- Ambos fueron campeones del mundo de los pesos pesados. Su más famoso combate, de los tres que tuvieron, fue el tercero, en 1975. Ali ganó por segunda vez.

- Ambos viven. Ali padece Parkinson.

Mailer. Se edita en España la obra de Norman Mailer sobre Ali y la cadena HBO estrena documental sobre su rivalidad.

FUENTE EL MUNDO.ES

domingo, 17 de mayo de 2009

PIONEROS DEL BOXEO EN NICARAGUA

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Más de treinta años después del béisbol, el boxeo se introdujo en Nicaragua a principios de los años 20. No sólo el profesional, aún incipiente, sino el bufo (como una pelea entre “Colevaca” y un supersticioso blufileño de color) y el llamado “preliminarista”: peleas de jóvenes aficionados conocidos menos por sus nombres que por sus apodos: “Cocoroca”, “Saliva”, “Dempsey”, “Eddie Polo”, “Alcarabán”, “Caracol”, “Paparapa”, “Cebolla”, “Sopla-moco” y “Coto”.
Tex Ramírez: principal promotor
José Santos Ramírez H. (Tex Ramírez) era entonces en Managua “el famoso mantenedor de los deportes”. A su iniciativa, el estadio de La Momotombo comenzó a cercarse desde 1917, año en que editó además un pionero periódico deportivo: El Field. Con su sobrenombre, emulaba a Tex Rickard, empresario famoso por el montaje de Nueva York de las peleas millonarias del californiano Jack Dempsey contra el francés George Carpentier (1921) y el argentino Luis Ángel Firpo (1923).

Ese año Ramírez dirigió al “Club Bóer”, conjunto que llevó en 1924 de gira victoriosa a San Salvador; y formó la primera selección nacional en diciembre del mismo año. Gracias a él, Nicaragua obtendría su primer triunfo en Centroamérica: la Copa Olímpica en San José, Costa Rica, derrotando en dos juegos seguidos a los yanques de la Zona del Canal (7 a 2 y 6 a 3) y a los ticos (6 a1), el 1, 2 y 4 de enero de 1925 respectivamente.
Ofilio Simonson y “El Coyote”
En cuanto al boxeo, la primera noticia corresponde a la tarde del domingo 16 de septiembre de 1923, en el ring de La Momotombo (donde se construiría el Granero Nacional), cuando el pugilista Ofilio Ruiz Simonson “Robustiano” disputó el campeonato nacional de boxeo a Enrique Leal, de Managua, en 10 rounds.

Simonson había protagonizado con “El Coyote” el primer encuentro de boxeo en público, probablemente en 1922; pero de inmediato se ausentó del ring, retornando como preliminarista y saliendo siempre triunfante. En su pelea con Rosendo Rubí demostró poseer un enorme corazón combativo: al estar al borde del K.O. logró recuperarse y ganar por puntos. Se distinguía por su agresividad, resistencia y potente golpe de derecha al cuerpo. Años después, en San Francisco, California, se cree que Simonson intercambió golpes de exhibición con el veterano Dempsey.
Enrique Leal, primer campeón
Debido al riguroso entrenamiento de ambos, el match se esperaba interesante. Y Leal se impuso. Anteriormente, había triunfado sobre el voluminoso Romilio Beteta, de 180 libras; Leal, en cambio, apenas llegaba a las 136. Pero, moviéndose como un bailarín, ganó el combate anunciado con carteles dibujados por Castillo Will y colgados de los postes de luz. Tex Ramírez fue el promotor.

A raíz de su victoria sobre Simonson, el campeón Leal se marchó a una hacienda para entrenar y volver a luchar, esta vez, con el pugilista leonés Rosendo Rubí el 30 de septiembre y mantuvo su corona. Pero Francisco Ríos lo derrotó en noviembre de 1923 por knock-out en el sexto round.
“Pancho” Ríos –el nuevo campeón- y su Buick
Ríos pesaba 137 libras y medía 5 pies y 8 pulgadas. Nacido en 1900, frisaba en los 23 años. Tres eran sus entrenadores: Romilio Beteta, José García y Gonzalo Turcios. Durante una hora y media, por la mañana, corría. Tenía algún tiempo de haber presenciado la victoria de Enrique Leal sobre el granadino Peugnet. Había sido muy amigo del ex campeón Leal en la niñez y recordaba varias riñas con él, saliendo siempre victorioso; naturalmente se creía capaz de retarlo y ganarle, como lo hizo. También le ganó a Simonson, habiendo recibido 65 córdobas de la Junta de Beneficencia, el 30 de diciembre de 1923.

Pero a Ríos le producía más su carro Buick como taxi y se retiró del ring. Según otro boxeador, Napoleón Delgado “Chaparrón”, Leal era el mejor de los colegas, aunque hubiese sido derrotado por Ríos, asegurando que aquél, en una nueva pelea, rescataría el título. Realmente, admiraba a Leal desde que lo vio en La Momotombo vencer en el primer round al turco Simón del Carmen.
“Chaparrón” y los gringos borrachos
Entonces nació en mí, de repente, un deseo de agarrarme con cualquiera declaró “Chaparrón”, famoso también por dejar tendidos a los gringos borrachos que se topaba por la noche en las polvosas calles de Managua. De 19 años (había nacido en 1902),”Chaparrón” era moreno, de estatura regular, brazos fornidos y de pocas palabras. Se le admiró al vencer en un encuentro preliminar a Julio “Coto”. Más tarde despachó a Ernesto Aguirre “Caimán” en 2, al “Chele” Irías en 6 y a Bill Turcios “Bambafuerte” —un tromponero de pelo chirizo y gran fortaleza— por K.O. técnico en 8 rounds. Pesaba 145 libras en 1923 y 148 en 1926, cuando ya era campeón peso welter. En octubre de ese año, Arsene Lupín afirmó que poseía “un jab izquierdo rápido y constante, respaldado por un punch”. Se le consideraba un notable espécimen de fortaleza física: un quiebra-costillas.

Rosendo Rubí aceptó enfrentarse a “Chaparrón”, en La Momotombo, a 12 rounds. Fue la primera pelea estelar de “Chaparrón”, quien noqueó a Rubí en el cuarto round. Aún estaba éste dormido cuando la cuenta llegó a diez. Las peleas anteriores de “Chaparrón” habían tenido de contrincantes a tres rústicos aficionados. “Malición” era el apodo de uno de ellos: un campesino muy fuerte, con mucho peso y aire de pavorreal. No pasó del primer round. La fulminante derecha de Napoleón Delgado hizo blanco en la quijada de “Malición”, cayendo hacia delante, exactamente como una cepa de plátano, tan fuera de sí que ni siquiera pudo meter las manos para atenuar la caída. El indiote sembró la cara en la lona, rompiéndose boca y nariz.

En su encuentro siguiente, “Chaparrón” despacharía de nuevo en el cuarto round al “Chele” Irías y en los restantes de su vertiginosa carrera a cuantos le respondieron con su mismo estilo. Sólo al granadino Félix Kid Thomas, tan ágil como un gato, no pudo noquear. Thomas pesaba 140 libras y en agosto de 1927 estaba por regresar del extranjero, adonde había partido en busca de nuevos horizontes

Kid Thomas vs. “Chaparrón”
La decisión se la dieron a Thomas dos veces. En la primera pelea, el 22 de marzo de 1926 —a la que asistieron más de tres mil espectadores— fue limpia. Pero en la segunda “Chaparrón” había ganado de hecho. La pelea, pactada a 15 rounds, tuvo lugar en el ring de la Explanada de Tiscapa. En el segundo, Kid Thomas fue derribado por primera vez en su vida. El público quedó estupefacto. A la cuenta de siete, Thomas se levantó completamente groggy, con los ojos vidriosos y sus famosas piernas –que nunca habían flaqueado- negándose a darle sostén.

“Chaparrón” se le lanzó como fiera. Thomas, al verlo venir, se tiró a la lona; quiso incorporarse y, cuando iba a ser atacado, el referee Gustavo Choza (“Carpentier”) se interpuso. “Chaparrón” se dirigió a su esquina. El público le gritó que volviera a la carga. Al intentarlo, ya Thomas estaba recuperado y buscó un clinch. Entonces sonó el gong. Al final, fue declarado vencedor por puntos el tipógrafo Félix Kid Thomas.
Thomas vs. Simonson
A finales de 1926, Thomas era el campeón nacional peso welter. Nunca ha sido derrotado en su carrera pugilística, y esto que es demasiado bajo de estatura y corto de alcance para su peso de 142 libras —escribió entonces Arsene Lupin. Valiente, resistente e indomable, se imponía sobre sus adversarios a fuerza de observación. No ganaba por K.O., sino por la gran agilidad y resistencia demostrada en sus triunfos sobre Urbina, Espinoza, Rubí y Simonson. En el encuentro con éste, Thomas cambió de técnica: en vez de evasivo, se presentó con una pasmosa agresividad y un punch formidable en ambas manos, logrando lesionar varias veces el rostro de su adversario y al principio del duodécimo round le estaban contando a Simonson la fatal cuenta de 10.
Mike Duarte vs. “Chaparrón”
Otro boxeador de la época, Mike Duarte, tenía de manager a Lolo Estrada (Arsene Lupin), como informa Van Buren, seudónimo de un cronista deportivo. A Duarte se le consiguió un buen rival: el negro Williams, quien no se había atrevido a plantarse frente a “Chaparrón”, escondiéndose tras los guantes. De manera que se le concertó una pelea con “Chaparrón”. Un cronista recordó: Duarte, boxeador leonés, ágil y buen pegador. Aparentemente, tenía loco a Chaparrón. En siete rounds le había metido guantes. Golpes iban como de cinco en cinco. Incluso Mike, cogiendo con la mano izquierda la más alta cuerda del ring, había repiqueteado con la derecha la cara de “Chaparrón”. Pero en el octavo “ Chaparrón” zampó la suya al corazón del leonés y éste cayó como fulminado por un rayo. Diez segundos en la lona y a terminar el sueño en su casa.
El match Thomas-Rubí
La Noticia del 14 y 15 de septiembre de 1924 informó: En el ring de La Momotombo Grounds se verificará hoy en la tarde, en conmemoración de la independencia de Centroamérica, el encuentro de boxeo concertado entre el campeón metropolitano Rosendo Rubí y el boxeador granadino Félix Thomas, bien conocidos por nuestro público. Ambos se hallan en buenas condiciones para la pelea. Reina gran entusiasmo por presenciar ese match. El cronista anónimo anunció seis encuentros preliminares de aficionados: Dos luchas de semifondo, una de ellas entre el sparring de “Chaparrón” y Fernando Gamboa, recién llegado de Bluefields.
Duarte vs. Choza y la primera caricatura boxística
Pero no se tienen noticias de los resultados ni de los de la anunciada pelea Thomas-Rubí, aunque puede conjeturarse que fue ganada por el famoso granadino. De la que poseo amplia información es de la protagonizada por Mike Duarte y Gustavo Choza “Carpentier” en abril de 1926 —poco antes de iniciarse la guerra civil de ese año- a la que asistiría escasa concurrencia. Tex Ramírez quedó muy disgustado con los productos de la taquilla —aseguró Arsene Lupin. El ganador de la pelea sería el campeón nacional de peso pluma. El chichigalpino Duarte poseía ese título, pero Choza se lo arrebató gracias al fallo de tres de los jueces (Tomás Martínez, Ramón Morales h. y Porfirio Pérez h.) que lo vieron ganar; pero un juez (Octavio Marín) le adjudicó el triunfo a Duarte. Y Arsene Lupin (J. Dolores Estrada h.) consideró la pelea empatada o, como se decía entonces, “tablas”:
Más resistente Duarte y más agresivo Choza –consignó Lupín en su columna “La Semana Deportiva” de La Noticia Ilustrada. Por primera vez, un encuentro boxístico inspiró dos caricaturas: ambas de Max Duarte acometiendo contra Choza y luego “con la cara que puso al anunciarse el fallo de los árbitros”. El autor de las “instantáneas” era nada menos que Rodrigo Peñalba, entonces de 18 años.
La más antigua fotografía
Seis boxeadores de estos años (Kid Thomas y Battling Espinoza, “Chaparrón y Simonson, Choza y Carlos Solís) aparecen en la más antigua fotografía colectiva de boxeadores nicas publicada en la revista Los Domingos (nº 374, octubre, 1926). Sentado delante de ellos, figura Gustavo Robleto, otro cronista de La Noticia, más humorístico que deportivo. Espinoza había empatado con Thomas y el “Bueycito” Solís era de poderosa resistencia.
Mitchell: famoso pugilista gringo
Finalmente, el 15 de septiembre de 1927, según crónica de Lupín en La Noticia Ilustrada, iba a tener lugar en La Momotombo la pelea del nicaragüense Battling Espinoza con el Battling Red Mitchell: un famoso pugilista gringo, acantonado como marine en Managua, quien durante su carrera boxeril había ganado 11 peleas vía knock out y 3 por decisión; y perdido sólo 3 también por decisión. Esta pelea sabrá despertar el inusitado entusiasmo que en anteriores épocas se experimentó por aquellas memorables peleas Simonson-Thomas y Thomas-“Chaparrón”, la cual cerró con broche de oro la temporada pugilística antes de la guerra pasada.




viernes, 15 de mayo de 2009

Homenaje a Reig tras diez años en la escuela de kárate del Reyes Católicos

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El petrerí José Luis Reig Play, cinturón negro segundo Dan de kárate shotokan, ha sido homenajeado tras cumplir diez años al frente de la escuela de artes marciales del colegio público Reyes Católicos de Petrer. Una actividad en la que ha contado con la meritoria colaboración de sus compañeros Pedro y Leopoldo, ambos cinturones negros segundo Dan, con quienes ha tenido palabras de agradecimiento por "el apoyo, el esfuerzo y la constancia que han demostrado a lo largo de todos estos años en la difícil pero reconfortante tarea de enseñar a los más pequeños", destacó ayer el homenajeado.
En la última década Reig ha impartido clases a unos 250 alumnos y alumnas del Reyes Católicos, todos ellos de edades comprendidas entre los 3 y 12 años, después de tomar el relevo en esta actividad de manos de su maestro Francisco Giménez, cinturón negro cuarto Dan y actual profesor de la Escuela de Artes Marciales de Petrer.
El homenaje se celebró en las instalaciones del centro escolar, fue un acto sencillo y consistió en un entrenamiento de una hora, almuerzo gratuito para todos y posterior campeonato, en el que participaron los integrantes de siete de las diez escuelas de la Asociación de Karate del Valle del Vinalopó que José Luis Reig preside actualmente. A continuación sus compañeros le regalaron una lanza japonesa como recuerdo de su trayectoria como sensei en el Reyes Católicos. "Diez años con muchos recuerdos donde lo que más me motiva es ver la evolución deportiva y personal de muchos de estos niños, a los que he tenido en clases desde que tenían 3 años y a los que veo marcharse del colegio con 12", destaca el maestro Reig.



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