El hunucmense Juan Alfonso Keb Baas sintió que el mundo se le acababa cuando el médico le dijo que nunca más podría subir a un ring porque padecía una enfermedad incurable, la epilepsia, pero fue tanta su fe en Dios que de un día a otro decidió tirar las medicinas para ponerse a la disposición del Ser Superior y a los 24 años de edad subió a un ring para volverse boxeador profesional. “Babe Luis IV” colgó los guantes a principio de este calendario y ahora es entrenador de pugilistas en su natal Hunucmá. Su objetivo es formar jóvenes boxeadores para alejarlos del alcoholismo y las drogas y “si no pude ser campeón mundial, quiero que uno de mis pupilos lo sea”. Recuerda que cuando tenía 15 años de edad sufrió su primer ataque epiléptico por lo que tuvo que acudir a un especialista, el prestigiado médico neurocirujano René Herrera Morales, quien le salvó la vida al pugilista Miguel “Pulgarcito” Leal cuando éste fue conmocionado por el argentino Mario DeMarco el 1º. de mayo de 1982, por lo que tuvo que ser operado de urgencia para retirarle un coágulo cerebral.
Recuerda Juan Alfonso, quien entonces era boxeador aficionado, que acudió con el especialista para preguntarle cuáles eran los motivos por los que constantes sufría esos ataques y el médico le diagnosticó epilepsia y que en definitiva tenía que alejarse del boxeo porque estaba en peligro su vida y con los golpes en el cerebro podría sufrir un accidente fatal. Desilusionado y con la moral por los suelos, “Babe Luis IV” hizo un repaso de su historial de maleante, ya que se definió entonces como una persona agresiva, un vándalo en aquellos tiempos, pero “un día, a invitación de un primo, entré a una iglesia católica y ahí me dije, voy a dedicar un espacio a Dios, debo cambiar mi forma de ser”. Con firmeza precisó que al sentirse bien consigo mismo, regresó a entrenar a un gimnasio de boxeo, decidió dejar las pastillas que debería de tomar de por vida y, luego de unos meses en la sala de entrenamientos, regreso con el Dr. Herrera Morales, quien se sorprendió con la recuperación de Juan Alfonso, ya que al revisar el electroencefalograma no le encontró nada anormal al pugilista.
El médico le autorizo pelear a Juan Alfonso con la única condición de que cuando lo golpearan en la mandíbula mejor se quedará tirado, porque corría peligro y Juan Alfonso comenzó a pelear profesionalmente ya un poco tarde, a los 24 años de edad, hasta retirarse a los 38, por lo que asegura que los 14 años en el deporte de los puños los vivió en plenitud y nunca dejó de acudir a la iglesia para entregarse a Dios porque “estoy en el boxeo por un poder divino, por creer en Dios. Se me fue ese mal por esa enorme fe y mi ilusión de calzarme los guantes”. Recordó que en su primer combate profesional el 5 de mayo de 1995, cuando venció en esta ciudad por puntos en 4 asaltos a Guillermo “Memo” Puga, subió al ring un tanto nervioso, pensando que en algún momento de la pelea le podría dar un ataque. “No sucedió nada gracias a Dios y después de 53 peleas en el terreno de paga me retiré en plenitud de facultades mentales y físicas y ahora voy a dedicar lo que me queda de vida, a Dios y a entrenar a jóvenes de Hunucmá para alejarlos del alcoholismo y de las drogas”.
El último combate de Juan Alfonso fue el 29 de noviembre de 2008, en Toluca, cuando cayó por ncaut en 4 asaltos ante el mexiquense Eric Ortiz y fue al concluir ese combate cuando decidió colgar los guantes para hacerse manejador de pugilistas. Dos veces tuvo oportunidad de conquistar un título del mundo, primero ante el colombiano Kermin Guardia, en abril de 2001, en Mérida, cayendo por puntos en electrizante batalla, y luego, en febrero de 2003, frente al campechano-tabasqueño José Antonio Aguirre, con quien perdió por nocaut técnico en 7 “rounds” luego de derribar al “Jaguar”.
La epilepsia
La epilepsia es una afección (ni enfermedad ni síndrome) cerebral crónica de causas diversas, caracterizada por crisis recurrentes debidas a unas descargas excesivas hipersincrónicas de impulsos nerviosos por las neuronas cerebrales, asociadas eventualmente con diversas manifestaciones clínicas y paraclínicas. Las crisis pueden ser convulsivas o no convulsivas. Se consideran epilépticos cuando padecen por lo menos 2 ataques, los cuales no siempre son asociados a los temblores motores de una convulsión. Una crisis epiléptica ocurre cuando una actividad anormal eléctrica en el cerebro causa un cambio involuntario de movimiento o función del cuerpo. Puede durar desde unos segundos hasta varios minutos. Puede tener muchas causas; en unos casos es debida a lesiones cerebrales de cualquier tipo (traumatismos craneales, secuelas de meningitis, tumores, etc.) pero en muchos casos no hay ninguna lesión, sino únicamente una predisposición de origen genético.fuente
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